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Ya en una entrada de mi blog personal expresaba hace años mi admiración por la inteligencia de Núria Rial como cantante, más allá incluso de sus portentosas cualidades vocales. Entonces sólo me basaba para ello, y ya era bastante, en ese tremendo video que circula por la red grabado en una tarde mágica en Trogen por la Bach Stiftung de St. Gallen, ése en el que Nuria Rial interpreta un dúo estremecedor con el violinista John Holloway bajo la sublime coartada del aria para soprano BWV 36-7 “Auch mit gedämpften schwachen Stimmen”. Nadie jamás en grabación alguna ha extraído como Núria Rial, con tanta inteligencia, las recónditas posibilidades armónicas de ese dúo maravilloso.

 

Después he disfrutado con sus registros de Händel y Telemann o con ese conjunto luminoso que es ‘La Arpeggiata’ de Christina Pluhar; incluso en enero de 2013 viajé a Trogen (cerca de St. Gallen en el Appenzeller suizo, llegar allí desde Madrid es una peregrinación casi “religiosa” de una jornada… y luego hay que dormir y volver) tan sólo para disfrutar los poco menos de 14 minutos de la BWV 144 y poder escuchar en vivo a Núria durante tres minutos y medio cantar el aria “Genugsamkeit…”. No me arrepentí, fue suficiente para confirmar mi admiración previa por Rial y, desde luego, por el proyecto de la Bach Stiftung bajo la dirección de Rudolf Lutz.

Una reciente grabación de Núria Rial para el sello Harmonia Mundi que acabo de adquirir es a mis ojos -y sobre todo a mis oídos- una nueva muestra de inteligencia, de esa peculiar inteligencia que mueve a ciertos artistas a elegir cuidadosamente cada proyecto, a no embarcarse en cualquier cosa. Tras el título del disco, “NURIA RIAL – J.S.BACH ‘ARIAS’ ”, un subtítulo, “Chronik der Anna Magdalena Bach”, nos da la pista de por dónde va el seductor eje de esta grabación. Poco suele pararse el aficionado en la figura histórica de la segunda esposa de Johann Sebastian Bach, su gran compañera de fatigas durante los años más trabajosos del maestro. Por el contrario, nos conformamos a menudo con limitarnos a disfrutar de las célebres y amables piezas para consumo doméstico de la familia Bach que Anna atesoraba en su famoso “cuaderno”, unas piezas sencillas y alegres que con toda probabilidad constituyeron la banda sonora de la infancia en Leipzig de los hijos menores de los Bach y que hoy menudean en “afables” ediciones discográficas casi de color de rosa.

Disco Nuria Rial

Pero, a juzgar por los documentos que nos han quedado de sus años de viudedad, sobre el último periodo de la existencia de Anna Magdalena se cierne la sombra siniestra del abandono por parte de los dos hijos mayores del primer matrimonio de Bach (el que le había unido a su prima María Bárbara), los orgullosos Wilhelm Friedemann y Carl Philipp Emmanuel. Según el biógrafo Klaus Eidam, para ellos, herederos del archivo musical del maestro y en buena situación económica por aquel entonces, Anna Magdalena “…era y siempre fue la madrastra…”, en una acepción distante y poco cariñosa del término. Así, la que fue musa, amante esposa y compañera de tareas del genio, hubo de vivir sus últimos días entre estrecheces económicas llegando incluso a necesitar de la caridad pública.

Anna Magdalena es pues, en realidad, la absoluta protagonista del nuevo disco de Núria Rial, que de la mano de la violinista Julia Schröder al frente de su Orquesta de Cámara de Basilea -directora y formación que con Rial y una grabación de Telemann ya obtuvieron un premio al mejor disco de ópera de 2012- recorre algunos de los hitos fundamentales de la vida de la segunda esposa de Bach. Hija de músico y a decir de sus contemporáneos excelente cantante, Anna Magdalena nos invita, a través del conjuro de Rial y Schröder, a recorrer su vida como soprano de éxito en una época en que tal cosa era para una mujer poco menos que un pecado. Hacemos paradas en su etapa de soltera como cantante en la Ópera de Weissenfeld que dirigía el menor de los hermanos Krieger; la acompañamos en los festivales organizados por el príncipe Leopoldo de Köthen, el gran amigo y protector de Bach, en alguno de los cuales a buen seguro se conocieron los futuros esposos; años después, ya en el funeral de aquél, compartimos el dolor de la pareja escuchando los arreglos para la voz de Anna Magdalena que con la ayuda de Picander realizó el maestro sobre algunos materiales de la Pasión según San Mateo que solemnizaron sus exequias (sorpresas aseguradas en este punto para quien no esté familiarizado con esta “versión reducida para soprano” –BWV 244a- de la Gran Pasión); y repasamos, en fin, algunas de las páginas de ese famoso cuaderno doméstico que, más que material didáctico tal como a menudo se nos intenta vender, fue probablemente vehículo de los más tiernos regalos inmateriales que cabe imaginar entre dos seres humanos dotados del amor por la música. Y a lo largo de este viaje en el tiempo, la voz de Núria Rial se nos aparece como trasunta de Anna Magdalena.

Además, aligerando la carga tímbrica de la escucha, se nos ofrecen dos interludios instrumentales fenomenalmente interpretados por Schröder y la Basel Kammerorchester: dos conciertos para violín completos  de la etapa de Köthen (BWV 1056 y 1060, ambos fragmentariamente aprovechados luego por el maestro en forma de sinfonías de cantatas). Y de propina, un exquisito texto –lástima, sólo en inglés y alemán- firmado por los musicólogos Hoffman y Grychtolik, expertos en el periodo de la vida de Bach con Anna Magdalena, texto que no voy a cometer la descortesía editorial de desvelar pero del que garantizo el interés.

En resumen: tres grandes féminas artistas -Anna Magdalena, Julia Schröder y Núria Rial- en los brazos del gigante Johann Sebastian Bach. Gran edición y un disco que recomiendo sin dudarlo. Toda una reivindicación de la mujer para un repertorio que demasiado a menudo prescinde de ella al amparo de retorcidas justificaciones historicistas.

(Como no dispongo de ningún vídeo de este disco para poder insertarlo -he albergado la idea de pedírselo a la discográfica, pero me ha dado “corte”- os dejo uno de hace cinco años con L’Arpeggiata  en el que podemos admirar a los dos entonces flamantes ganadores de los Echo Classic Awards, Núria Rial y Philippe Jaroussky, en un célebre dúo de “L’incoronazione di Poppea” de Monterverdi.)